PATAKIS DE DE YEMAYA:
Olofi, el Todopoderoso, para que el mundo existiera, convirtió el vapor de las llamas en nubes, para que de ellas cayera agua para extinguir el fuego que cubría la tierra impidiendo que surgiera la vida. De tanta agua que cayó, se llenaron los huecos enormes que habían entre las rocas, formándose así Olokun, el Océano (terrible y temido por todos). Pero el mar tiene también un lado bueno, al permitir que surgiera la vida (el caracol, primero habló antes de existir el hombre) y este mar es Yemayá, quien existía antes que nada existiera, tendida cuan larga era. Un día, sintió dolor en el vientre y de él salieron los ríos, los orishas y todo lo que alienta y vive sobre la tierra.
SINCRETISMO: Yemayá se sincretiza con la Virgen de Regla. Patrona de la Bahía, cuentan que tiene su origen cuando un obispo que vivió y murió en Africa llamado San Agustín, talló en madera la imagen de una virgen negra cumpliendo las órdenes de un ángel que se le apareció cuando era joven. Años despues, un discípulo suyo para evitar que la figura fuera profanada por los bárbaros, embarcó la pequeña figura y llego a las costas de España, cercano al lugar que hoy ocupa la villa de Chipiona en Cádiz. Resistió la imagen de la Virgen tormentas y marejadas, sin afectar la embarcación en que se trasladaba, de donde quedó como patrona de marinos y pescadores.
En 1660, en Cuba, se erigió en el Caserío de Regla (cercano a la Bahía de la Habana) un bohío que cobijaba a la imagen de la Virgen de Regla, cuatro años después y con la ayuda de un acaudalado comerciante habanero, se construyó una ermita mayor trasladando a ella a una nueva imagen traída por el Sargento Mayor de la Isla, Don Pedro de Aranda. Ha sido adorada por todos los sectores de la población, especialmente a través de las celebraciones. En la época colonial, liberaban en ese día a los esclavos quienes, a golpe de batá evocaban a la diosa Yemayá, poderosa madre de todos los orishas, misericordiosa reina del mar.
COLOR: Azul (en todas sus gamas) preferiblemente el índigo y también el blanco.
NUMERO. 7
MATERIALES. Níquel y metales azules, seda de espejo y telas listadas.
ATRIBUTOS: Conchas, caracoles, corales, abanicos de mar, salvavidas, anclas, bote, peces, siete remos, estrella, siete aros de plata, rabo de caballo de mango adornado con cuentas azules y blancas, campanita, abanico redondo hecho de penca de guano adornado con pluma de pavo real, caracoles y cascabeles. Todos estos atributos adornados con peces, redes, estrellas, caballitos de mar, conchas y todo lo relativo al mar.
COLLARES: Con cuentas de cristal transparente, llamadas de agua, combinadas con las azules, en tramos de siete en siete.
ROPA: Usa bata con serpentinas azules y blancas, símbolo del mar. Banda o cinto de tela con peto romboide al frente.
COMIDAS FAVORITAS: Hierba buena, maíz remojado que se muele y se cocina como la harina, se envuelve en hoja de plátano y se pica en siete pedazos cada uno con un maíz y una vela, frijoles caritas cocidos y molidos con cáscara y sal colocados en forma de torticas sobre hojas de plátano, guiso de camarones, alcaparras, huevo duro, acelga y tomate, quimbombó con bolas de plátano verde o ñame, frijoles negros cocinados sin caldo, coco quemado, cuatro pescados enteros en un plato blanco con rayas azules. Cuando está enojada se le pone berro, lechuga, acelga y chayote.
ANIMALES: Venado, pato, carnero, gallo, guineo, gallina, loro, ganso.
RECEPTACULO. Una sopera coloreada en azul y blanco con flores.
HIJOS: Mujeres voluntariosas, fuertes y rigurosas, aunque maternales y serias, en ocasiones son impetuosas y arrogantes. Son resentidas y muy leales, aman el lujo y la magnificencia. Son muy justas.
OTROS. Yemayá protege a los mortales de aflicicones relativas al vientre de las personas, así como a todas las enfermedades o accidentes relacionadas con agua, dulce o salada, lluvia o humedad.
REZO A YEMAYA:
Iya mío atará maguá míojojoo acheré Oggún ayába jiguá odún; omio Yemayá asayabí Olokún, aboyó aboyó yogn euó aya balo euó mi emí bache Iyá olomí okará biaye Yemayá eguére ekún. Asayobió Olokún ya bi eledé omó arikú alálajara de yuama kamarikú komón amón; kamari eyó, kamari ofó, kamari yen bipene. Agó.
sábado, 11 de agosto de 2007
PATAKIS DE OCHUN
PATAKIS DE OCHUN:
A la bella Oshún le gustaba pasearse por el monte, donde bailando y cantando, jugaba con los animales quienes la respetaban y ni el alacrán la picaba. Oggún un día la vió pasar y quedó prendado de su belleza, sin poder contenerse la persiguió para poseerla.
Oshún, que a quien amaba era a Changó, huyó del fiero Oggún atravesando por los montes hasta llegar al río al cual se lanzó y se dejó llevar por la corriente llegando a la desembocadura con el mar. Es aquí donde se tropezó con la poderosa Yemayá, quien se compadeció de ella y la protegió.Yemayá la regaló entonces a Oshún el río para que viviera en él y para alegrarla, la cubrió de joyas, corales y otras riquezas. Por esto es que Oshún vive en el río y quiere tanto a Yemayá.
Se dice que con Changó tuvo amores muy ardientes y éste siempre la prefirió. A Obba, legítima esposa de Changó, la traicionó Oshún cuando le aconsejó que se cortará las orejas para preparar el Kalulú, plato favorito del dios del trueno, esto le costó a Obba ser repudiada por su esposo. Oshún tuvo amores también con Agayú, que la conoció como sinera en el río.
Hay un patakín que cuenta cómo una vez Olodumare se llevó todas las aguas para castigo de los hombres. Los ríos y las lagunas se secaron, los peces, los animales y los hombres morían de sed. Ifá puso en un ceso ofrendas que debían conducirse al cielo, Oshún se encargó de ello. Por el camino se encontró a Elegguá y le entregó aguja e hilos, luego se encontró con Obatalá y le regaló los huevos que llevaba, Obatalá en reciprocidad, le indicó donde estaba la puerta del cielo.
Al llegar al cielo, Oshún vió que una gran cantidad de niños cuidaban la puerta de entrada y les repartió dulces para que la dejaran entrar. Olodumare la oyó y accedió a dejar caer la lluvia de nuevo sobre la tierra. Se llenaron los ríos y la naturaleza revivió en todo su esplendor.
SINCRETISMO
Oshún, una Orisha mayor, se sincretiza con la Virgen de la Caridad del Cobre.
Rezo a Oshún
Ochún moriyeyeo obiñrí oro abebe oún ní kolala ke, Iya mí koyuo son Yéyé kari, guañarí gañasí ogale guase Aña. Agó. Otro rezo, según Lydia Cabrera Ochún egúa Iyá mío, Iguá Iyá mío. Ico bo si Iyá mi guasi Iyá mi mó. Yalode aguidó abalá abé de bu omí male adó Elegüeni kikiríso kede to che ni cuelé cuelé Yeyé moró. Agó.
A la bella Oshún le gustaba pasearse por el monte, donde bailando y cantando, jugaba con los animales quienes la respetaban y ni el alacrán la picaba. Oggún un día la vió pasar y quedó prendado de su belleza, sin poder contenerse la persiguió para poseerla.
Oshún, que a quien amaba era a Changó, huyó del fiero Oggún atravesando por los montes hasta llegar al río al cual se lanzó y se dejó llevar por la corriente llegando a la desembocadura con el mar. Es aquí donde se tropezó con la poderosa Yemayá, quien se compadeció de ella y la protegió.Yemayá la regaló entonces a Oshún el río para que viviera en él y para alegrarla, la cubrió de joyas, corales y otras riquezas. Por esto es que Oshún vive en el río y quiere tanto a Yemayá.
Se dice que con Changó tuvo amores muy ardientes y éste siempre la prefirió. A Obba, legítima esposa de Changó, la traicionó Oshún cuando le aconsejó que se cortará las orejas para preparar el Kalulú, plato favorito del dios del trueno, esto le costó a Obba ser repudiada por su esposo. Oshún tuvo amores también con Agayú, que la conoció como sinera en el río.
Hay un patakín que cuenta cómo una vez Olodumare se llevó todas las aguas para castigo de los hombres. Los ríos y las lagunas se secaron, los peces, los animales y los hombres morían de sed. Ifá puso en un ceso ofrendas que debían conducirse al cielo, Oshún se encargó de ello. Por el camino se encontró a Elegguá y le entregó aguja e hilos, luego se encontró con Obatalá y le regaló los huevos que llevaba, Obatalá en reciprocidad, le indicó donde estaba la puerta del cielo.
Al llegar al cielo, Oshún vió que una gran cantidad de niños cuidaban la puerta de entrada y les repartió dulces para que la dejaran entrar. Olodumare la oyó y accedió a dejar caer la lluvia de nuevo sobre la tierra. Se llenaron los ríos y la naturaleza revivió en todo su esplendor.
SINCRETISMO
Oshún, una Orisha mayor, se sincretiza con la Virgen de la Caridad del Cobre.
Rezo a Oshún
Ochún moriyeyeo obiñrí oro abebe oún ní kolala ke, Iya mí koyuo son Yéyé kari, guañarí gañasí ogale guase Aña. Agó. Otro rezo, según Lydia Cabrera Ochún egúa Iyá mío, Iguá Iyá mío. Ico bo si Iyá mi guasi Iyá mi mó. Yalode aguidó abalá abé de bu omí male adó Elegüeni kikiríso kede to che ni cuelé cuelé Yeyé moró. Agó.
PATAKIS DE OGGUN - SANTO GERRERO
PATTAKI DE OGGUN:
Hijo de Obatalá y Yemú y hermano de Changó, Ochosi y Elegguá. Fue el encargado de cortar los troncos y las malezas con su infatigable machete para abrirles el paso a los orishas cuando éstos bajaron a la tierra. Enamorado de su madre, intentó varias veces violarla, lo cual no podía debido a la vigilancia de Elegguá. En cierta ocasión, a punto de conseguir su propósito, Obatalá lo sorprendió. Fué entonces cuando el propio Oggún se maldijo: “Yo mismo me voy a maldecir. Mientras que el mundo sea mundo lo único que voy a hacer es trabajar para la Ocha”. Oggún se fue para el monte, se escondió de los hombres y ningún orisha que no fuera Ochosi, su hermano el cazador, podía verlo. Trabajaba sin parar produciendo hierro, y el estar amargado, comenzó a regar polvos (ofoché) por todas parte, por ello, la tragedia (arayé) comenzó a dominar el mundo hasta que Ochún se metió en el monte, lo atrajo con su canto y le hizo probar la miel de la vida. Ya sin amargura, Oggún siguió trabajando, no volvió a regar polvos y el mundo se tranquilizó.
SINCRETISMO:
Se sincretiza con San Pedro, el príncipe de los apóstoles (en la mayoría de sus representaciones, San Pedro tiene en las manos las llaves del cielo, este hecho, así como la historia de San Pedro encadenado, propició que se identificara con Oggún, el dueño de los hierros).
COLOR: Morado, verde y negro.
NUMERO: 4.
MATERIALES: Machete, cuchillos, navajas, palas, picos, martillos, yunques, guatacas, mandarrias.
COLLARES: Cuentas verdes y negras alternas. Siete cuentas carmelitas claras seguidas de siete negras. ROPA: Lleva una bolsa de piel de tigre adornada con muchos caracoles. Su ropa es de color morado, su gorro aplastado y lleva mariwó (falda hecha con la venta de la hoja de la palma).
COMIDAS FAVORITAS: Ñame asado, nueces de kola, judías blancas, su bebida favorita es el aguardiente de caña. ANIMALES: Se le atribuyen o pertenecen los perros fieros y el majá, como animales que se le sacrifican: chivo, gallo, paloma guinea, justía, cerdos, carneros, gallos rojos, venado y junto a Changó se le puede sacrificar un toro en un ritual bajo la mata de ceiba.
RECEPTACULOS: El más usado es la freidura igual a la de Elegguá, es decir, una pequeña cazuela de barro o de hierro, con tres patas. HIJOS: Son violentos e impulsivos y no perdonan fácilmente las ofensas. Nunca abandonan el combate ni pierden las esperanzas. Son imprevisibles y difíciles de tratar, pero su franqueza y evidente sinceridad hacen que, generalmente, se olviden de sus defectos.
REZO A OGGÚN.
Oggún chibiriki alá oluó kobo kobu, oké babá mí suí kiniki kualo to ni guá Osun du ró gággo lá bo síe. Ago.
Hijo de Obatalá y Yemú y hermano de Changó, Ochosi y Elegguá. Fue el encargado de cortar los troncos y las malezas con su infatigable machete para abrirles el paso a los orishas cuando éstos bajaron a la tierra. Enamorado de su madre, intentó varias veces violarla, lo cual no podía debido a la vigilancia de Elegguá. En cierta ocasión, a punto de conseguir su propósito, Obatalá lo sorprendió. Fué entonces cuando el propio Oggún se maldijo: “Yo mismo me voy a maldecir. Mientras que el mundo sea mundo lo único que voy a hacer es trabajar para la Ocha”. Oggún se fue para el monte, se escondió de los hombres y ningún orisha que no fuera Ochosi, su hermano el cazador, podía verlo. Trabajaba sin parar produciendo hierro, y el estar amargado, comenzó a regar polvos (ofoché) por todas parte, por ello, la tragedia (arayé) comenzó a dominar el mundo hasta que Ochún se metió en el monte, lo atrajo con su canto y le hizo probar la miel de la vida. Ya sin amargura, Oggún siguió trabajando, no volvió a regar polvos y el mundo se tranquilizó.
SINCRETISMO:
Se sincretiza con San Pedro, el príncipe de los apóstoles (en la mayoría de sus representaciones, San Pedro tiene en las manos las llaves del cielo, este hecho, así como la historia de San Pedro encadenado, propició que se identificara con Oggún, el dueño de los hierros).
COLOR: Morado, verde y negro.
NUMERO: 4.
MATERIALES: Machete, cuchillos, navajas, palas, picos, martillos, yunques, guatacas, mandarrias.
COLLARES: Cuentas verdes y negras alternas. Siete cuentas carmelitas claras seguidas de siete negras. ROPA: Lleva una bolsa de piel de tigre adornada con muchos caracoles. Su ropa es de color morado, su gorro aplastado y lleva mariwó (falda hecha con la venta de la hoja de la palma).
COMIDAS FAVORITAS: Ñame asado, nueces de kola, judías blancas, su bebida favorita es el aguardiente de caña. ANIMALES: Se le atribuyen o pertenecen los perros fieros y el majá, como animales que se le sacrifican: chivo, gallo, paloma guinea, justía, cerdos, carneros, gallos rojos, venado y junto a Changó se le puede sacrificar un toro en un ritual bajo la mata de ceiba.
RECEPTACULOS: El más usado es la freidura igual a la de Elegguá, es decir, una pequeña cazuela de barro o de hierro, con tres patas. HIJOS: Son violentos e impulsivos y no perdonan fácilmente las ofensas. Nunca abandonan el combate ni pierden las esperanzas. Son imprevisibles y difíciles de tratar, pero su franqueza y evidente sinceridad hacen que, generalmente, se olviden de sus defectos.
REZO A OGGÚN.
Oggún chibiriki alá oluó kobo kobu, oké babá mí suí kiniki kualo to ni guá Osun du ró gággo lá bo síe. Ago.
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